MUERTECAZADOR
El bosqe canta con su voz ocre y crujiente
sobre el sendero d espinillos en q avanzo,
en sus ramas los trinos d un día naciente
y en mi sangre la paz d un buscado descanso
Allá, los cervatillos, acá los conejos...
diademas d un dios q parece q aún existe,
y en las hojas la luz con plateados reflejos
d un sol estival q con su fuego resiste.
De pronto, oigo el eco d lejanos disparos...
El hombre-muerte va sembrando su inmundicia.
El aire huele a sangre y a feroz desamparo
q se traduce en risas d sucia malicia,
y el cazador bizarro besa sin reparos
la cruz a qien consagra su alegre sevicia.
(2-9-02/17:20)
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