Y TU DEDO APUNTABA AL CIELO
Las trompetas d los ángeles
acallaron sus estrepitosos berridos;
Elías x fin alzó su copa d vino,
el rubicundo líqido estremeció su volumen
amparado en la insegura mano
d un patriarca emocionado.
El azul del mar tornóse verde, del gusto,
y el hojarascoso mayo trasmutóse
en noviembre d cerezos floridos.
El rostro del cielo ofreció su perfil
al reqiebre inusitado
d un remordimiento ancestral ,
y ése temor atávico, q en sus niños
inculca la serpiente humana
se camufló tras la fría sombra
d la aciaga hoja del digital.
Un extemporáneo alud d trinos grises
sepultó el bosqe d un pleno enero
entre el croar d sapos expectantes
y el batir d garzas inqietas.
El sol retuvo su pálido aliento,
mientras q el viento, desangrado
en las ramas desnudas del palo borracho,
a trompicones revuelca
su azorada impaciencia
x el lomo pedregoso
d una tierra desmayada.
La sensación d una presencia mas q sutil
llenaba el espacio respirable,
como un tañido latente
d una campana d cristal y aceite
q estremece su qimérica entidad
ante el cruento estallido silencioso
q alumbró a las víctimas d Nagasaki,
(30-8-99/0:50)
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