jueves, 16 de noviembre de 2017

Y TU DEDO APUNTABA AL CIELO 


Las trompetas d los ángeles 
acallaron sus estrepitosos berridos; 
Elías x fin alzó su copa d vino, 
el rubicundo líqido estremeció su volumen 
amparado en la insegura mano 
d un patriarca emocionado. 
El azul del mar tornóse verde, del gusto, 
y el hojarascoso mayo trasmutóse  
en noviembre d cerezos floridos. 
El rostro del cielo ofreció su perfil 
al reqiebre inusitado 
d un remordimiento ancestral , 
y ése temor atávico, q en sus niños 
inculca la serpiente humana 
se camufló tras la fría sombra 
d la aciaga hoja del digital. 
Un extemporáneo alud d trinos grises 
sepultó el bosqe d un pleno enero 
entre el croar d sapos expectantes 
y el batir d garzas inqietas. 
El sol retuvo su pálido aliento, 
mientras q el viento, desangrado 
en las ramas desnudas del palo borracho, 
a trompicones revuelca 
su azorada impaciencia 
x el lomo pedregoso 
d una tierra desmayada. 
La sensación d una presencia mas q sutil 
llenaba el espacio respirable, 
como un tañido latente  
d una campana d cristal y aceite 
q estremece su qimérica entidad 
ante el cruento estallido silencioso 
q alumbró a las víctimas d Nagasaki, 
(30-8-99/0:50)  

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